El plano astral, un concepto central en la magia y el ocultismo, representa un dominio intermedio y sutil que actúa como puente entre el mundo físico material y los reinos espirituales superiores.
No es un sitio geográfico que podamos alcanzar con nuestro cuerpo físico, ya que este posee una vibración superior a la de nuestro plano físico. Sin embargo, este plano sirve de cimiento para la “luz astral”, es aquí donde los símbolos, las fuerzas y los arquetipos, donde el pensamiento y la voluntad adquieren un poder creador inmediato.
Los antiguos ocultistas lo describen como un océano de energía vital, una sustancia sutil que impregna todo el universo, comparable a conceptos como el akasha de las tradiciones orientales o el éter de la antigua filosofía. Esta Luz Astral es el agente magnético universal mediante el cual se producen todos los fenómenos ocultos. Es el sustrato del alma del mundo (Anima Mundi), que contiene todas las formas potenciales y registra todos los eventos pasados, presentes y futuros, actuando como una «memoria de la naturaleza».
Este plano existencial ha comenzado a ser descubierto por la ciencia actual, dicho fenómeno está asociado al concepto del vacío cuántico o campo de punto cero. La física clásica imaginaba el vacío como la nada absoluta, pero la mecánica cuántica reveló que lo que llamamos vacío está lejos de estar vacío.
Las evidencias actuales han demostrado que este “vació” es todo menos eso, en realizad se comporta como un mar caldeado de energía omnipresente, repleto de fluctuaciones cuánticas donde a cada momento pares de partículas y antipartículas surgen espontáneamente de la «nada» para aniquilarse momentos después. Este fondo de energía es el sustrato del que emerge toda la materia y energía del universo.
Otra característica a destacar del plano astral es la instantaneidad y la ausencia de las limitaciones del espacio físico. En él, la comunicación y la influencia son inmediatas, y gracias a esto el Mago puede proyectar su conciencia a cualquier lugar instantáneamente.

Este principio encuentra un eco intrigante en el fenómeno cuántico de la no-localidad y el entrelazamiento de la física cuántica. En dicho fenómeno dos partículas se pueden entrelazar, esto causa que el estado de una partícula afecte el estado de la otra de forma instantánea e inmediata, sin importar la distancia que las separe. Esto sugiere una profunda interconexión subyacente en el tejido de la realidad, puedo decir que existe una «red» donde la separación espacial podría ser, en un nivel fundamental, solo una ilusión.
El conocimiento del plano astral es fundamental, ya que el Mago podrá manipular esta Luz Astral mediante su voluntad. Esta habilidad correctamente entrenada y concentrada, puede proyectarse a través de este medio para modelar la realidad. El mago actúa como un «mediador» entre el cielo y la tierra: a través de su imaginación (la facultad de crear imágenes en el astral) y su voluntad (la fuerza que las imprime), puede dirigir las corrientes de la Luz Astral para influir en el plano físico o acceder a conocimientos superiores.
Sin embargo, la manipulación de la luz astral no se debe tomar a la ligera, ya que el aventurarse sin la debida preparación podría ser peligroso para el practicante, esto se debe a que la Luz Astral no es inteligencia pura, sino un elemento ciego que puede ser moldeado tanto por voluntades benévolas como malévolas. El Mago que se adentra en este plano sin una pureza de intención y una sólida preparación puede ser engañado por ilusiones o influenciado por entidades parasitarias.
Este plano astral es un espejo del interior del Mago: refleja sus virtudes, pero también sus vicios y miedos más ocultos. Por ello, el viaje al plano astral es considerado simultáneamente un camino de poder ilimitado y un peligroso campo minado espiritual, que exige como requisito previo un trabajo riguroso de autoconocimiento, disciplina y purificación de los motivos. No es un parque de atracciones para curiosos, sino el laboratorio del verdadero alquimista del alma.




